jueves

TRANSCRIPCIONES PARA PIANO-EL ELFO (SCHUBERT/LISZT)


Las Transcripciones integran un capítulo importante dentro de la literatura pianística Universal, sin embargo han sido motivo de discusión constante entre amantes de la música, compositores, intérpretes, que cuestionando desde su identidad hasta su proyección artística, han ignorado su valor, cuando sí lo tienen, dentro del campo de la creación musical y del arte en general.Si nos remitimos a cualquier diccionario musical, veremos que se define por transcripción, la adaptación para un instrumento musical determinado, de una música originalmente compuesta para otro instrumento. Podríamos ejemplificar con la transformación de una canción en pieza para piano, o de una obertura para orquesta en pieza para órgano, etc. A veces suele utilizarse indistintamente el término de arreglo, para darle nombre a estas transcripciones.Ahora bien, la transcripción, como obra artística requiere por parte de quien la realiza, ya sea compositor o pianista, un conocimiento profundo del instrumento para el cual está transcribiendo, de los estilos musicales a emplear y de una estética musical que tratados con seriedad darán un buen resultado. De lo contrario, no pasarán a la historia como han pasado las buenas transcripciones junto a las buenas obras originales, no olvidemos que hay muchas obras escritas originalmente para piano y que sin ser transcripciones no han tenido el valor artístico necesario y han desaparecido por así decirlo del repertorio pianístico.Cuando una transcripción, no se limita a un simple traslado de notas musicales, se verá que hay cambios sustanciales en pasajes determinados que resultan de gran efecto en un instrumento y sin em-bargo pueden resultar ridículos o por lo menos de mucho menor efecto cuando se tocan en otro instrumento. Es necesario que el transcriptor considere dichos pasajes como si fueran escritos de forma original para el instrumento dado y no respetar la fidelidad de donde provienen. Por lo general, los grandes transcriptores en obras para piano han sido excelentes pianistas, podemos citar a Ferruccio Busoni, Franz Liszt, Leopold Godowski, Sergei Rachmaninov, Karl Tausig, Myra Hess, Johannes Brahms, Samuel Feinberg, Vladimir Horowitz como ejemplos de trabajos logrados con verdadero acierto.Las transcripciones, como toda obra de arte, cumplen una función determinada, ya que ya sea estética, pedagógica, o sencillamente motivada por el deseo del realizador por la belleza de la música que quiere expresar en su instrumento, y escoge para dar rienda suelta a su sensibilidad y virtuosismo, una obra musical, como escogería una obra musical también, pero escrita originalmente para piano que se ajusta a sus requerimientos y necesidades conceptuales del momento.Antiguamente, no existía el concepto de tocar en un instrumento las obras que solamente habían sido escritas para el. A fines del siglo XVI y comienzos del XVII, encontramos madrigales publicados por sus compositores como Apt for voyces or viols (aptos para voces o violas) y el Fitzwilliam Virginal Book contiene cierta cantidad de música coral de compositores extranjeros transcripta para el teclado, a la que se han agregado, como es natural, algunas notas que el instrumento requiere. Mas tarde y en el mismo siglo XVII, Henry Purcell transcribe ocasionalmente para tecla la parte vocal y el acompañamiento de algunas de sus canciones. Couperin en sus diversos libros de composición para clave agrega a menudo una nota a pie de página sugiriendo que un trozo es igualmente efectivo, o más, cuando lo ejecuta un grupo especificado de instrumentos de viento o de cuerdas.Johann Sebastian Bach fue uno de los grandes transcriptores en la historia de la música. Arregló para el clave dieciséis conciertos para violín de Antonio Vivaldi, y tres para órgano, y lo hizo tomándose libertades que hoy en día apenas se considerarían permisibles, por eso Bach creó y rompió reglas demostrando que todo es posible si se hace con verdadero genio y talento. A veces realizó arreglos más que dudosos. Albert Schweitzer, su biógrafo y crítico más entusiasta, opina al referirse al Concierto en do menor para dos violines y orquesta: "Cómo pudo Bach aventurarse a transferir al clave con su sonido quebrado, las dos partes cantables de violín del movimiento lento, es algo que él sólo puede contestar. Si no lo hubiera hecho Bach mismo, estaríamos hoy protestando en su nombre por una transcripción tan poco bachiana. Este no es el único caso en que Bach dificulta a sus profetas la tarea de atacar en su nombre la labor de los malos adaptadores".Franz Liszt fue otro gran transcriptor. En sus versiones se permitió numerosas libertades, dejándose guiar por el deseo de lucir su gran técnica de pianista, aunque no en todas reina el virtuosismo por el virtuosismo, hay en ellas verdaderos tratados de expresividad y sonoridad sin artificios y alardes de velocidades virtuosas pero que requieren del interprete toda la profundidad, sutileza y dominio de un virtuoso del piano, como en Isolde liebestod (del Tristan e Isolda de Richard Wagner). En otras explota toda la grandiosidad sonora del piano a la mayor escala posible convirtiendo en pianísticos, pasajes y ambientes de gran colorido orquestal, como es el caso de la Tanhäuser Overture de Richard Wagner.Liszt arregló para piano diversas obras de otros compositores de diferentes géneros, preludios y Fugas para órgano de Bach que no son consideradas sus más felices transcripciones entre otras razones porque el resultado no es ni Bach, ni Liszt y pianísticamente tampoco están a la altura de otras obras de Bach transcritas para piano por Busoni por ejemplo, o la maravillosa versión de Krystian Zimerman sobre la Pasacaglia en do menor para órgano. De todas formas, la transcripción lleva un lugar importante dentro del catálogo Lisztiano. Sus transcripciones sobre lieder de Franz Schubert, Robert Schumann, Félix Mendelssohn, están llenas de grandes dificultades que las hacen estar a la altura de cualquier obra escrita originalmente para piano por el propio Liszt, si tenemos en cuenta que lieder como Erlkönig Op. 1, o Gretchen am Spinnrade Op. 2 de Franz Schubert ya son complejas de interpretar en su versión original de voz y piano por la independencia total entre las dos partes (que requiere el género del lied) resulta aún mucho más complicada la ejecución de la transcripción ya que las dificultades están aumentadas, lo cual constituye un fin propuesto por el transcriptor, llevar a un plano totalmente distinto los mismos elementos pero alterando la forma sin dejar de respetar el espíritu más puro de la obra.Hay quien ha dicho, en tono peyorativo, y lo creemos injusto, que los lieder de Schubert más que arreglados por Liszt han sido disfrazados. Sin embargo a nadie se le ocurriría decir que Maurice Ravel disfrazó los Cuadros para una Exposición de Modest Mussorgski al realizar su orquestación y si grande era Ravel como orquestador, grande fue Liszt como pianista.Leopold Godowsky, realizó 52 Estudios sobre obras de F. Chopin. en su mayoría sobre los estudios del compositor polaco. Este trabajo, que no es precisamente una transcripción, ni tampoco se asemeja al tratamiento que dieran Robert Schumann o Franz Liszt a sus Estudios sobre Caprichos de Paganini, constituyen una obra de monumental dificultad técnica para los pianistas. Si tenemos en cuenta que el Op. 10 y el Op. 25 de los estudios de Chopin representan un reto a la técnica pianística, qué diremos de estos estudios de Godowsky sobre los de Chopin en los que convierte varios estudios en obras para la mano izquierda sola, o invierte las manos dándole a la mano derecha lo que en el estudio original hace la izquierda y viceversa. En otros casos combina dos estudios a la vez, mientras una mano toca pasajes del Op. 10 No 5 la otra va tocando el Op. 25 Nº 9 ambos en sol bemol mayor y es el Nº 47 con el subtítulo de Badinage. Otra combinación es la realizada con los estudios Op. 10 Nº 11en la mano izquierda mientras la derecha toca el Op. 25 Nº 3 . De estos estudios de Godowsky encontramos grabaciones de Jorge Bolet, Ian Hobson y la grabación integral interpretada (no muy felizmente) por Geoffrey Douglas-Made.Otro fenómeno muy diferente, es el de las transcripciones para orquesta de obras de Frederic Chopin, aquí en la posición inversa, si resultan poco agraciadas las orquestaciones. El mundo de Chopin era eminentemente pianístico y por consiguiente, propio del período romántico, lleno de un rubato del cual Chopin además era un maestro, lo cual resulta muy difícil llevar a cabo con una orquesta por que no es su recurso expresivo más fuerte como conjunto. En este caso la transcripción u orquestación alejan la obra de su esencia en su estado más original, desvirtúan el germen que dio origen a la obra artística en cuestión y si a esto agregamos que estas orquestaciones habían sido realizadas para ser utilizadas en Ballets como Las Sílfides de Michael Fokin, completamos el cuadro de desacierto ya que las exigencias de la danza distan mucho de las del salón francés en el que se pasaban estas obras.Otro capítulo dentro de la transcripción Lisztiana son las realizadas sobre temas de ópera. En este tema Liszt se recreó como en ninguno, creando obras que figuran tanto como otras originales en el repertorio de programas de recitales y conciertos de pianistas de talla universal. Sus transcripciones sobre ópera italiana constituye un verdadero alarde de música y virtuosismo pianístico, entre ellas encontramos la Paraphrasis sobre el cuarteto de la ópera Rigoletto de Giuseppe Verdi (Bella figlia del amore) , Reminiscences de Lucia de Lammermoor de Gaetano Donizetti, (basada en el sexteto de dicha ópera), o su Reminiscences de Don Juan de W. A. Mozart que quizás sea la más difícil de todas sus transcripciones, también en ópera italiana realizó trabajos sobre fragmentos de Norma, Los Puritanos de Vincenzo Bellini, Trovatore, Ernani de Giuseppe Verdi y La Sonnambula, por citar algunos. En ópera francesa, también encontramos transcripciones sobre el Vals de Faust de Charles Gounod, Roberto el diablo de Meyerbeer, por ejemplo.Sin duda, Liszt sintió siempre gran simpatía y admiración por Richard Wagner y por lógica llevó al piano muchas de las páginas de óperas wagnerianas, esto significó una gran difusión para la obra del compositor que a través de Liszt, se dio a conocer no sólo en el marco del teatro con la puesta e escena de una obra suya, sino en el salón de concierto por mediación de las versiones que hacía Liszt de sus obras, eran tiempos en que no se contaba con las grabaciones discográficas, para oír una ópera o cualquier obra musical era imprescindible asistir al lugar donde se interpretaba, el montaje de una ópera wagneriana no era fácil y ya sabemos todos los contratiempos con que tropezó este gran compositor, teniendo por otra parte, posibilidad de que su música corriera por salas de conciertos en versiones pianísticas realizadas nada menos que por una de las figuras más célebres del período musical romántico.Era evidente, que en esos tiempos los compositores no desaprobaban las versiones para piano de sus obras originalmente escritas para otro formato. La tendencia actual en materia de transcripciones es mucho más conservadora y habitualmente no se considera correcto que un adaptador interpole sus propias ideas, como Liszt lo hacia frecuentemente. Se considera al transcriptor como al traductor de un libro, cuya obligación es reproducirlo con tanta exactitud como lo permitan los giros idiomáticos del lenguaje al cual se vierte la obra.Muchos compositores además de Bach, han arreglado sus propias obras para otros instrumentos, Beethoven publicó su Concierto para violín y orquesta transformado en un Concierto para piano y orquesta. Claude Debussy hizo una versión para dos pianos de su Petite Suite para orquesta, del mismo modo existe una versión, a la inversa, de Ma Mere l'Oye orquestada orquestadas más tarde por el propio Ravel para un ballet. Manuel de Falla transcribió para piano varias Danzas de La Vida breve, El amor Brujo y El Sombrero de Tres Picos, que suelen interpretarse en conciertos sin temor alguno a la crítica por ser transcripción del autor.
Entre los pianistas hay diversidad de criterios sobre las transcripciones: pero ¿responden estos criterios a un profundo análisis musical morfológico y estético de las obras en cuestión, o a prejuicios heredados de generaciones anteriores?Posición del intérpreteDe estas preguntas sacamos varias conclusiones, los criterios a favor de las buenas transcripciones no nos ocupan. Por otra parte, de las opiniones negativas podemos pensar que están condicionadas por varios factores, uno de ellos puede ser la dificultad técnica de algunas transcripciones que sólo está al alcance de pianistas con una técnica deslumbrante por su brillantez, rapidez y gran sonoridad que lo diferencian de un modelo de pianista más sobrio por así decirlo.Este sólo factor ya sería suficiente para ir creando una atmósfera negativa con respecto a un cierto tipo de obra y si nos fijamos bien, tampoco estarían dentro del repertorio de dichos intérpretes las obras más difíciles técnicamente de la literatura pianística original con la única diferencia que a las obras originales no se suele criticar sino callar si no se decide abordarlas.Otro factor que ha contribuido de forma negativa a la acogida por parte de los pianistas al género de las transcripciones es sin duda, la opinión de ciertos críticos de arte con acceso a los medios masivos de divulgación, ha habido etapas en que tras una apariencia de musicólogo o de amplio conocedor sobre aspectos musicales se han escondido verdaderos diletantes, músicos frustrados, que con sólo un barniz y unos pocos conocimientos superficiales e incapaces de poder tocar dignamente un instrumento se han dedicado a criticar negativamente lo que hacen los verdaderos artistas y esto a través del tiempo ha hecho daño, creando una nebulosa mal fundada en un género al que podían atacar con más facilidad y así demostrar su gran capacidad de análisis para descubrir lo negativo.Lo curioso del tema es que a los grandes intérpretes esto no ha podido influirles de forma negativa. A través de las distintas generaciones dentro de la historia del pianismo universal las transcripciones han sido acogidas por los buenos intérpretes, tanto los de corte brillante como los más sobrios en cuanto a proyección. No todas las transcripciones son portadoras del mismo recurso técnico, musical y expresivo, y como tal, cada pianista escoge para su interpretación de la mis-ma manera que lo hace al elegir obras originales. También está el caso de grandes pianistas que no suelen interpretar transcripciones en sus conciertos pero precisamente su condición de grande del teclado no lo hace manifestarse en contra del género.Grabaciones discográficasDesde el inicio de las grabaciones discográficas, las transcripciones para piano han figurado de una forma u otra en las grabaciones de grandes pianistas. Nunca de forma numerosa ya que todo está en proporción, y es mucho mayor en la literatura pianística la cantidad de obras originales, pero sí como una realidad dentro de la música escrita para el piano, como un capítulo que juega su rol, el que le corresponde por su valor artístico, ni más ni menos.Una de las figuras más importantes del mundo pianístico de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, que sin duda Josef Hofmann. en las grabaciones que hiciera para The Gramophone and Typewriter Co. (G and T) en 1903, encontramos la Marche Militaire de Schubert en transcripción de Tausig y Der Erlkönig de Schubert en transcripción de Liszt. Posteriormente en la serie que graba para The American Gramophone Co. (Columbia) entre 1912 y 1918 están registradas: Chant Polonaise, The Maiden's Wish de Chopin-Liszt, Schubert-Tausig: Marche militaire, Schubert-Liszt: Der Erlkönig, y Glück-Brahms: Gavotte. Para The Brunswick Recordings, Josef Hofmann graba de 1922 a 1923 y también incluye las siguientes transcripciones: Scarlatti-Tausig: Pastorale y Capriccio, Glück-Brahms: Gavotte, Beethoven-Rubinstein: T'urkish March (de Las Ruinas de Atenas) Wagner-Brassin: Mlagic Fire music, Chopin-Liszt: Chant Polonaise My Joys y Liszt: Paganini Etude n. 3 La Campanella.E1 28 de noviembre de 1937, Hofmann en un concierto en el Metropolitan Opera House de Nueva York, celebrando el 50 aniversario de su debut, incluye en el programa la Marcha Turca de Las Ruinas de Atenas de Beethoven en transcripción de Anton Rubinstein.Otra pianista de la primera mitad del siglo XX que también abordó las transcripciones y de las cuales hizo gala, sobre todo con Arabesques sobre Temas de El bello Danubio Azul de Strauss/Shulz-Evler, fue Rosita Renard, a quien le dedicamos un artículo. Esta grabación se encuentra junto al Minuet del Quinteto op. 13 n. 5 de Boccherini en la serie que hiciera para la Brunswick en 1928.Pianistas como Josef y Rosina Lhévinne, también cultivaron el género de la transcripción. Para la firma Camden hoy reeditadas en CD por The Piano Library Josef Lhévinne grabó de Robert Schumann-Liszt: Frühlingsnacht, de Johann Strauss-Schulz-Evler: Arabesques on Themes of The Beautiful Blue Danube Waltz, de Robert Schumann-Tausig: El Contrabandista y de Claude Debussy-Ravel: Fêtes, esta última con Rosina Lhévinne a dos pianos.Hay ejemplos de pianistas que se realizaban ellos mismos sus transcripciones además de tocar transcripciones de otros pianistas o compositores, tal es el caso de Vladimir Horowitz, uno de los grandes virtuosos del piano en toda la extensión de la palabra. De Horowitz son famosas sus versiones de la marcha The Stars and Stripes Forever (Barras y Estrellas para siempre) de Sousa o sus Variaciones sobre Carmen de Bizet, sus arreglos en el final de Cuadros de una exposición de Modest Mussorgski o de la Rapsodia Húngara n.2 de Franz Liszt donde en su parte final superpone los cuatro temas más característicos de la sección a la vez. Horowitz era un pianista que se tomaba muchas libertades, en el Estudio en Fa Mayor de Moritz Moskowsky cambiaba la escala cromática final por un pasaje mucho más complicado. También interpretaba transcripciones de otros compositores, la Marcha Militar de Schubert-Tausig o Isolde's Liebestod de Wagner-Liszt, por citar algunas.Ahora bien, por los pianistas mencionados hasta ahora, podría pensarse que el tema de la transcripción era inherente a la primera mitad de nuestro siglo y pudiera verse como algo pasado pero no es así. En la segunda mitad del siglo XX y aún en la última década, las transcripciones han seguido presentes en los conciertos y grabaciones de grandes pianistas. Jorge Bolet, Alfred Brendel por ejemplo, han realizado Maravillosas interpretaciones de las transcripciones de Franz Liszt sobre lieder de Schubert, óperas francesas e italianas o sobre temas de Wagner. Daniel Barenboim ha grabado la versión para piano de L. van Beethoven sobre su Concierto para violín y orquesta. Alicia de Larrocha en sus tres volúmenes de páginas célebres para piano incluyó la Marcha Militar de Schubert-Tausig, la Invitación al Vals de Weber y la Danza Ritual del Fuego de Manuel de Falla.También a dejado constancia en registros discográficos en este caso para DECCA, de Corales de J.S. Bach en transcripción de Harriet Cohen y de la Chacona en re menor también de J.S. Bach en versión de F. Busoni de la cual hace una interpretación magistral con toda la coherencia y la grandeza que las caracterizan.Posteriormente ha hecho maravillosas interpretaciones de las Danzas de La Vida Breve, El Sombrero de Tres Picos, una Suite de El Amor Brujo y la sinfonía Maese Pedro de El Retablo de Maese Pedro todas de Manuel de Falla y en transcripción del autor, con algunas variantes tomadas de la partitura orquestal e incorporadas posiblemente por la propia Alicia de Larrocha con total acierto para lograr un mejor resultado pianístico.Tatiana Nikolayeva, una de las pianistas que mas ha interpretado la obra de J.S. Bach, ganadora del Primer Premio del Concurso Bach y miembro del Jurado en varias ediciones posteriores, después de grabar casi toda la obra de Bach en piano, o por lo menos gran parte de ella, realizó un disco dedicado por completo a transcripciones sobre diferentes obras de Bach. De sus obras para órgano incluyó Toccata y Fuga en re menor, BWV 565 en transcripción propia. Fuga en Sol menor, BWV 578 en transcripción de Yu. Takakhasi, en versión de F. Busoni tres Preludios Corales y la Chacona en re menor, BWV 1004 para violín solo. El Coral de la Cantata n. 147 Jesu bleibet meine Freude en el arreglo que hiciera Myra Hess y Siciliana en sol menor, BWV 1031 de la Sonata para Flauta y Clave en transcripción de W. Kempf.Krystian Zimerman, uno de los pianistas actuales más relevantes, nos ofreció en su última presentación en el Auditorio Nacional de Música en Madrid, una versión suya de la Pasacaglia en do menor para órgano de J.S. Bach que fue verdaderamente impresionante por su exactitud y perfección en la transcripción y en su interpretación.Por último mencionaremos al pianista más grande de la nueva generación, el más joven que ha alcanzado el nivel técnico madurez interpretativa lógica de pianistas ya avanzados en años con sólo sus veintiséis anos, Evgeny Kissin. Ya en sus primeros conciertos figuraron transcripciones para piano y algunas no muy comunes, por cierto. Es quizás uno de los pianistas jóvenes que más transcripciones haya abordado y que utiliza constantemente, ya sea dentro del programa o fuera, como encores o propinas entre ellas están: Lilacs, Op. 21 n. 5 de Sergei Rachmaninov en transcripción del autor, Widmung, op. 25 n. 1 de Shumann-Liszt, Home, Sweet Home de Henry Bishop-S. Saegusa, Siciliana, BWV 1031 de J.S. Bach-W. Kernpf, Vocalisse, op. 34 n.14 de Sergei Rachmaninov-Richardson, Melodie (de Orfeo) de Glück-Sgombati, Marche Mililitaire, D 733 n. 1 de F. Schubert-Tausig, Chacona en re menor de J.S. Bach-Busoni, un grupo de lieder de Schubert-Liszt entre los que figuran: Gretchen am Spinrade (Schubert D 118/Liszt: Scarle 558 n. 8), Der Müller und der Bach (Schubert D 795 n. l9/Liszt: Scarle 565 n. 2) Auf der dem wasser zu singen (Schubert D 774/Liszt: Scarle , 3 n. 2), Die forelle y Erlkönig. También de Schubert-Liszt: Soirées de Vienn: Valse caprice n. 6 (Primera versión) y por último de Edvard Grieg, Ich liebe dich, op. 41 n. 3 y Aus dem Karneval, op. 19 n. 3 .Esto nos da una medida de que las transcripciones para piano siguen vigentes en el repertorio de los grandes pianistas, si es cierto que no todas resisten el paso del tiempo y para pesar sobre los años sólo se necesita calidad y sinceridad sobre todas las cosas. Lo bueno queda, la propia música acoge a las buenas obras, acerquémonos a ellas sin prejuicios. Dejemos que la música hable por si sola.



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domingo

SONATA PARA VIOLIN Y PIANO (FRANCK)


César Auguste Franck, nacido en 1822 y fallecido en el año 1890, un hombre austero y reservado, centrado en los valores espirituales de la música, fue un compositor absorto en su interioridad, un excelente organista y un maestro alrededor del cual se reagruparon espontáneamente los jóvenes músicos franceses.
Además en medio de la crisis con que culminó el Segundo Imperio y del cúmulo de desesperanza que suscitó su caída, se afirmó en Francia la necesidad de impulsar el renacimiento de la música nacional y el principal artífice de este “musical” hecho fue el compositor belga Franck.
Las raíces de Franck están implantadas en la sólida burguesía belga, a la que pertenecía su abuelo, Barthélemy que se casó con una rica holandesa. De esta unión nacieron nueve hijos, el último de los cuales fue Nicolas Joseph, que se casó con Marie Catherine y fue padre de dos músicos, nuestro César Auguste y su hermano Joseph (éste, que vivió entre 1825 y 1891, tuvo su momento de celebridad como concertista de piano y como organista en París). César Auguste, que muy pronto se redujo su nombre simplemente a César, dio pronto excelentes pruebas de su talento musical en el Conservatorio de Lieja, la ciudad belga donde nació.
El maestro belga llegó a París con su padre en 1835, fue confiado a Pierre-Joseph-Guillaume Zimmermann para el estudio del piano, y a Antonin Reicha para que practicara el contrapunto. Todo el celo desplegado por su padre, el también músico Nicolas Joseph Franck obedecía al hecho de que César había dado excelentes pruebas, en Lieja, no sólo como alumno, sino además como compositor y concertista. César obtuvo gran provecho de las lecciones de Reicha, interrumpidas en 1836 debido a la muerte del maestro, y en el curso de dos años se afirmó en París. A pesar de esta pérdida, las composiciones de Franck aumentaron y crecieron en dimensión: el Trío op. 2, la Première Grande Sonate op. 10, los dos Conciertos para piano y orquesta op. 9 y 11. También dio conciertos en la sala de un conocido constructor de pianos, Pape, y en tales ocasiones, se exhibió junto con otras celebridades, como Liszt, Alkan, Pixis.
Por su parte, Nicolas Joseph propuso a su hijo que compusiera una égloga bíblica en tres partes titulada Ruth, sacada de la Biblia gracias a la ayuda e intervención de un literato llamado Guillemin, así que la idea de Franck padre fue aceptada por el joven compositor belga. Aproximadamente en un año quedó terminada Ruth y, después de muchos manejos por parte del padre de César Franck, fue interpretada en la Sala Érard el 1.º de noviembre de 1845, en presencia de los principales músicos activos de la sociedad parisina. Después de la interpretación de esta obra fue cuando César se despojó para siempre de la tutela de su padre: se casó, tuvo cuatro hijos (de los cuales dos de ellos murieron inmediatamente y los otros sobrevivieron) y se inició el período oscuro de su vida.
El 22 de febrero de 1848, abierto el enfrentamiento con su padre, Franck se casó con su alumna Eugénie-Félicité-Caroline Saillot-Desmousseaux. El hecho fue suficiente para despertar las iras de su padre ya que encarnaba el espíritu burgués de la época más retrógrado en el que una “insignificante” alumna era poco para su status y el de su hijo. Finalmente, tras la boda, el compositor belga se vio obligado a dedicar gran parte de su tiempo y de sus energías a las actividades remunerativas para asegurar el bienestar de su nueva familia. Gracias a un sacerdote amigo, el abate Dancel, consiguió en 1858 que el musicólogo belga fuera nombrado organista de la iglesia de Sta. Clotilde. Dicho órgano construido por Aristide Cavaillé-Coll (uno de los renovadores de la técnica de construcción de órganos en el siglo XIX) se convirtió en el emblema de la personalidad de Franck, hombre reflexivo y sencillo a un tiempo, huidizo y concentrado en su abstracto universo musical que no paraba de repetir: “Mi órgano es mi orquesta”. En 1859, un año después de haber obtenido el puesto de organista en Sta. Clotilde, César Franck inauguró el gran órgano de Cavaillé-Coll, que tocaría hasta su muerte.
Para este instrumento compuso, entre otras obras, la célebre recopilación titulada Seis piezas para gran órgano que se suceden en el siguiente orden: en primer lugar, la Fantasía en Do mayor, dedicada a Alexis Chauvet, organista de la Trinité; después, la Gran pieza Sinfónica en Fa sostenido menor, dedicada al pianista Charles Valentin Alkan, en la que se manifiesta el intento de llevar al órgano la estructura de la sinfonía; sigue el Preludio, fuga y variación en Fa menor, dedicado a Saint-Saëns, la mejor de las seis composiciones, dado que en ella coinciden valores tímbricos refinados y una clara estructura, al igual que ocurrirá en las piezas análogas para piano compuestas por Franck hijo en los últimos años de su actividad.
Durante este período de su vida, también compuso algunos cánticos sobre textos espirituales, los Tres motetes y la Misa a tres voces para soprano, tenor y bajo, con acompañamiento de órgano, arpa, violoncelo y contrabajo, interpretada por primera vez en Sta. Clotilde el 2 de abril de 1861. Los últimos años de vida del compositor César Franck fueron los más exitosos ya que, a su alrededor se había constituido un grupo fiel de alumnos, la llamada bande à Franck, era como si el músico que había permanecido tanto tiempo sumido en su interioridad se hubiese despertado de repente.
En el último decenio de su vida, César Franck compuso una buena parte de su producción sinfónica como el Poema Sinfónico Psyché, en el que interviene el coro, la “escena bíblica” Rébeca o el nacimiento de las Variaciones sinfónicas y Les Djinns, las dos para piano y orquesta y, los Tres corales para órgano, entre otros.
En definitiva, el compositor belga alcanzó la fama bastante tarde: fue en 1871, al celebrarse el primer concierto de la Société Nationale de Musique (contó como figuras: Saint-Saéns, Fauré, Jules Massente, Edouard Lalo…) en el seno de la cual adquirió un notable relieve y encontró el ambiente adecuado para que su música fuera valorada. La muerte le llegó a los 68 años de edad (no tan tarde como su reconocimiento profesional) un 8 de noviembre de 1890, a consecuencia de una pleuritis mal atendida.
La sonata para violín y piano obedece a ese lento pero exhaustivo y detallado proceso creador que le lleva a culminar en el año 1886 esta magnífica obra, que ya había sido planeada 27 años antes.
Esta sonata es un verdadero modelo en cuanto al tratamiento de la forma cíclica se refiere. Consiste en exponer un tema principal que reaparece con variantes en cada movimiento. En este aspecto, Franck es sin duda alguna el maestro.
La sonata presenta la tonalidad de La mayor y está toda ella basada en tres células melódicas generadoras que recorren toda la pieza.
Dedicada al violista Belga Eugene Ysáye (1958-1931), la obra abre nuevos horizontes dentro del género. Por una parte, se respira en ella un ambiente puramente romántico, heredado del auténtico Lied Alemán, y por otra se percibe esa libertad y flexibilidad casi improvisatoria que la música francesa posee. Con todas estas novedades la sonata está desarrollada en cuatro movimientos:
El primer movimiento allegretto. Nos es magistralmente presentado en forma de sonata sin desarrollo. Consta de un tema principal que contiene la primera célula melódica de la que hablábamos anteriormente, cuyo atractivo reside especialmente en su misterioso equipaje armónico(acordes de novena) que viaja acompañado de una gran incertidumbre tonal. Este tema oscila hacia la dominante desde donde arranca la segunda melodía, extremadamente modulante y de verdadera belleza lírica. Tras la reexposición, de nuevo aparece la primera célula melódica, la cual dotada de una enorme fuerza expresiva y sugestiva, se encarga de cerrar felízmente este primer movimiento.
El segundo movimiento allegro en Re. Corresponde a la forma tradicional de primer tiempo. Encontramos en él la vehemencia y vigor de un tema rítmico que abre esta sección. Expuesto por ambos instrumentos (piano primero y violín después) el tema es acompañado por un ornamento dinámico y en tres fases diferentes. Seguídamente, una breve transición construida con material de la priméra célula, da paso al precioso segundo tema, auténtica expansión melódica dispuesto en tres fases dobles, en donde la grandiosidad de la armonía hace de este pasaje uno de los más inspirados y emotivos de esta sonata en concreto y de la música Franquiana en general. El desarrollo, bastante largo, comienza con "un recitado quasi lento" que enlaza con un fragmento basado en el segundo tema a partir del cual se suceden contínuos cambios de tono, ocasionando interesantes modulaciones que vacilan entre la oscuridad y la luz. Finalmente la reexposición libera de esta vaga atmósfera incierta preparando el tramo final, que constituye esa magnífica subida arriesgada y compleja técnicamente para ambos instrumentos, suponiendo la explosión de todo el material lírico y emocional contenido y expuesto a lo largo de este brillante y genuino segundo tiempo.
Tercer movimiento Recitativo-Fantasía. Es de gran originalidad e inspiración. Sirve de andante y presenta un aroma muy cálido, tranquilo pero a la vez apasionado. Está pensada a partir de una fantasía propiamente dicha y una melodía compuesta de diversos elementos. La fantasía consta de un doble recitado, que se repite dos veces en función de cambios armónicos sugerentes. Tras este sensual y arrebatado recitativo,observamos pasajes muy libres, casi improvisatorios, desembocando en virtuosas y pletóricas cadencias plagadas de riqueza sentimental. Exquisito pues resulta este recitativo fantasia, presidido por la magistral manufactura y sensacional calidad expresiva y melódica del maestro Belga.
Cuarto movimiento allegreto mosso. Es tal vez el mejor de los cuatro que contiene esta sonata. El tema principal forma un canon perpétuo a la octava, constituyendo además una melodía apreciadísima por su valor emotivo y conmovedor. La disposición estructural de este cuarto movimiento es muy particular, alternando secciones de canon con estribillo y cuplé. De textura muy rica y densa, la escritura de este final es originalísima. También hay que destacar pasajes de gran dificultad ejecutiva, mostrando a veces un sentido ampuloso y brillante que confiere a la pieza la categoría y prestancia que encierra en sí misma. Tímbricamente muy bien lograda, de sonoridad amplia y brillante, C. Franck recrea aquí uno desus máximos exponentes formalmente hablando. Este cuarto movimiento reune por tanto todas las condiciones necesarias para provocar de inmediato en el oyente el impacto, la admiración por la música de calidad.


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viernes

MARCHA RADETZKY (JOHANN STRAUSS I)


Johann Baptist Strauss (Viena, 14 de marzo de 1804 – Viena, 25 de septiembre de 1849), hijo de Franz Borgias Strauss fue un compositor austriaco conocido particularmente por sus valses y por popularizarlos junto con Josef Lanner. Fue el fundador (sin que fuese su intención) de una dinastía musical con sus hijos Johann Strauss (hijo), Josef Strauss y Eduard Strauss.
Su obra más famosa es probablemente la Marcha Radetzky (llamada así por Joseph Radetzky von Radetz), mientras que quizás su vals más famoso sea Lorelei Rhein Klänge op. 154.
La tragedia golpeó a su familia, ya que su madre murió cuando apenas tenía 7 años de "fiebre larvada". A la edad de 12 años, su padre Franz Borgias (quien se había vuelto a casar) fue encontrado ahogado en el río Danubio. Su madrastra le metió de aprendiz de encuadernador con Johann Lichtscheidl, pero tomó lecciones de violín y viola, además de cumplir con su aprendizaje. Contrariamente a lo que se afirma, nunca dejó su aprendizaje para encuadernador y lo terminó con éxito en 1822. También estudió música con Johann Polischansky durante ese período y finalmente obtuvo un puesto en la orquesta local de Michael Pamer con el fin de participar en un popular cuarteto de cuerdas conocido como el Cuarteto Lanner, formado por sus potenciales rivales: Josef Lanner y los hermanos Drahanek, Karl y Johann. El cuarteto de cuerdas interpretaba valses vieneses y rústicas danzas alemanas, y en 1824 fue ampliado a orquesta de cuerdas.
Eventualmente se convirtió en director adjunto de la orquesta para ayudar a Lanner en las comisiones después de que se popularizara su imagen durante los Carnavales de 1824. Strauss fue puesto pronto al mando de una orquesta más pequeña que se formó como resultado del éxito de la orquesta de Lanner. En 1825, decidió formar su propia banda y comenzó a escribir música (principalmente de baile) y se dio cuenta de que podría igualar el éxito de Lanner, además de poner fin a sus problemas financieros. Al hacerlo, Strauss se convirtió en un serio rival de Lanner, y esta competencia musical fue muy productiva para el desarrollo del vals, así como de otros bailes en Viena. Pronto se convirtió en uno de los más conocidos y queridos compositores en Viena. Realizó una gira con su banda por Alemania, los Países Bajos, Bélgica, Inglaterra y Escocia. La dirección y gestión de la "Orquesta Strauss" en un momento dado pasó a manos de los hijos en diversas ocasiones, hasta que Eduard Strauss la disolvió en 1901.
En un viaje a Francia en 1837, escuchó una cuadrilla y se interesó en su composición, convirtiéndose en gran medida en el responsable de la introducción de aquella danza en Austria en el Carnaval de 1840, donde se hizo muy popular. Fue en este mismo viaje cuando quedó demostrada la popularidad de Strauss en diferentes estratos sociales, lo cual allanó el camino para presentar su música en Inglaterra durante la Coronación de la Reina Victoria en 1838. Strauss adaptó además diversas melodías populares de su época en sus obras, a fin de garantizarse un público más amplio, como lo demuestra la incorporación de la obertura Oberón en uno de sus primeros valses, "Wiener Karneval" (Carnaval Vienés) op. 3 y también el himno nacional francés La Marsellesa en su Paris-Walzer (vals París) op. 101.
Se casó con Ana Maria Streim en la iglesia parroquial de Liechtenthal en Viena. Su matrimonio fue relativamente inestable, producto de su prolongada ausencia por los viajes al extranjero. Esto llevó a que Strauss tuviera una amante en 1834, Emilie Trampusch, con la que tuvo seis hijos. Esta decisión personal marcó a Ana Maria, quien prohibió a Johann Strauss II estudiar música. Con la declaración de paternidad que hizo Strauss padre en 1844, Ana Maria demandó el divorcio y esto permitió que Strauss iniciara una carrera musical. Pero Strauss exigía una estricta disciplina en su casa llamada "Hirschenhaus", o mejor conocida como "Goldener Hirsch" (El Ciervo de Oro), e impuso a su hijo que siguiera una carrera profesional que no guardase relación con la música. Asimismo, su hermano Josef fue destinado a la carrera militar, mientras que su joven hermano Eduard debió trabajar en el Consulado Austriaco.
A pesar de los problemas familiares, viajaba con frecuencia a las Islas Británicas y estaba siempre dispuesto a escribir novedosas piezas para las organizaciones de beneficencia. Sus valses evolucionaron gradualmente a partir de danzas campesinas, lo que en la posteridad se reconocería como el vals vienés. Estos fueron compuestos en compás de tres por cuatro, con una breve introducción, a menudo con ninguna o poca relación con la estructura del vals. Por lo general se adjunta una breve coda y finaliza en una agitación, aunque su hijo Johann amplió la estructura y la cantidad de instrumentos utilizados por su padre. A pesar de que no tenía el talento de su hijo mayor o una vasta empresa, fue uno de los pocos compositores de valses junto a Lanner que escribieron activamente piezas con títulos, con el fin de aumentar las ventas de sus partituras, pues los entusiastas reconocían fácilmente sus obras. De hecho, durante su presentación en el Salón de Baile Sperl en Viena, se le ocurrió la idea de fijar un precio de entrada al Salón de Baile en vez de la antigua práctica de ir pasando la charola, donde los ingresos sólo se garantizaban por la buena voluntad de los clientes.
La tumba de Johann Strauss I Zentralfriedhof en Viena,Austria.Johann Strauss hijo trabajó a menudo con su padre y declaró su completa admiración hacia él, aunque no era un secreto para los vieneses que su rivalidad era intensa, hecho alimentado por la prensa de entonces. El mismo Johann Strauss I rehusó tocar de nuevo en el Casino Dommayer, que ofreció a su hijo para su debut, y fue la torre por encima de su hijo durante su vida en relación al progreso en su carrera, aunque Strauss hijo fue para él un eclipse en términos de popularidad en el repertorio clásico. En 1846, Strauss padre se adjudicó el título honorífico de K.K. Hofballmusikdirektor (Director Musical del Baile de la Corte) por el emperador Fernando I.
Strauss murió en Viena de escarlatina. Fue enterrado en el cementerio Doeblinger junto a su amigo Josef Lanner. En 1904, sus restos mortales fueron trasladados a una tumba de honor en el cementerio central. El ex Cementerio Doeblinger fue convertido en el Parque Strauss-Lanner. El mismo Héctor Berlioz rindió homenaje al "Padre del Vals Vienés" comentando que "Viena sin Strauss es como Austria sin el Danubio"





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martes

DANZA DE LAS HORAS-LA GIOCONDA (PONCHIELLI)


La década de 1870-1880 fue rica en óperas nuevas que habrían de entrar en la historia. Entre ellas se cuentan Il guaraní (1870) de Gomes, que se convirtió en la ópera nacional del Brasil; Aida (1871) de Verdi; Borís Godunov (1874) de Mussorgski; Carmen (1875) de Bizet; El anillo del Nibelungo (1876) de Wagner, con motivo de los primeros festivales de Bayreuth; Eugenio Onieguin (1879) de Chaikovski; en total, un gran ramo de óperas famosas, a las que el 8 de abril de 1876 se añadió en la Scala de Milán La Gioconda de Ponchielli, recibida con un clamoroso júbilo. Desde entonces no ha habido ningún escenario importante del mundo que no haya representado esta ópera.
Amilcare Ponchielli nació el 31 de agosto de 1834 en las cercanías de Cremona. Estudió en el Conservatorio de Milán, donde escribió su primera ópera. Luego fue organista en Bérgamo y Cremona, y en esta última ciudad fue además profesor de composición (de Puccini entre otros). Sus once óperas le aportaron alguna celebridad en Italia, y con su Gioconda alcanzó fama mundial. Su estilo está entre el romanticismo y el naturalismo, es muy efectivo y contiene más elementos sinfónicos que la mayoría de las obras de sus contemporáneos italianos. Hay que destacar especialmente que el canto alcanza en su obra un gran desarrollo y llega a espléndidas cimas. Ponchielli murió en Milán el 16 de enero de 1886.
Arrigo Boito, usando como seudónimo el anagrama «Tobia Gomo», que apenas lo oculta, hizo varias modificaciones radicales en la obra de Victor Hugo, trasladó la acción de Padua a Venecia y le dio el título atractivo pero discutible de La Gioconda; significa propiamente, como se sabe, la alegre, la jocunda, y por el famoso cuadro de Leonardo da Vinci, se pone en relación con una misteriosa sonrisa. No se dice absolutamente nada de ambas en la ópera, ni de la modelo del cuadro ni de la sonrisa. ¿Quiso señalar con ello Arrigo Boito que una cantante callejera, esto es, la soprano dramática convertida en figura principal, debe sonreír en el ejercicio de su profesión? Se pueden hacer al libreto, a pesar de los dos padres ilustres que posee, Hugo y Boito, graves objeciones. Es inverosímil, excesivamente romántico y efectista; y sin embargo, ponerlo en música ha tentado a varios compositores.
Angelo, tirano de Padua, de Victor Hugo, ha sido puesto en música varias veces. La versión de Ponchielli es contemporánea de la del ruso César Cui, que apareció dos meses antes que la del italiano y ha sido completamente olvidada. La música de Ponchielli, en cambio, ha permanecido por su pasión, dramatismo e inspiración melódica. Muchos fragmentos se han grabado en el corazón de los amantes de la ópera («Voce di donna o d'angelo», «Cielo e mar», «Suicidio») y hoy, gracias a los discos que graban los cantantes famosos, son más populares que nunca. A ello se añade la «Danza de las horas», que se cuenta entre los ballets operísticos de más éxito. Unos pasajes de La Gioconda recuerdan a Verdi; otros permiten reconocer lo que Puccini debe a su maestro Ponchielli.


jueves

SINFONIA Nº 9-ALLEGRO MAESTOSO (BRUCKNER)


Anton Bruckner, [1824-1896], nació en Austria. Fue compositor y organista, autor de nueve sinfonías, cuatro misas y un Te Deum, entre otras obras. Católico ferviente, comenzó su carrera siendo niño en un coro. Era hijo de un maestro de escuela de Ansfelden y pasó largos años de penurias económicas. Su estilo musical y sinfónico está muy influido por Wagner y especialmente por su ópera Tristán e Isolda, que oyó en Munich. Con 43 años se enamoró de la joven Josephine Lang quien no le correspondía y, años más tarde, de la hija de ésta. Nunca llegó a casarse. Bruckner se destacó por la utilización de los recursos técnicos de la sinfonía del siglo XIX al servicio de un enfoque reverente con los textos sagrados. Defendió los ideales wagnerianos incluso sacrificando su propio éxito y enfrentándose al mismísimo Johannes Brahms.
La Novena Sinfonía fue iniciada en agosto o septiembre de 1887. Bruckner estaba todavía trabajando en ella el día de su muerte. El estreno de los tres movimientos terminados fue dirigido por Ferdinand Löwe, el 11 de febrero de 1903. La obra tiene muchos rasgos en común con las sinfonías anteriores de Bruckner pero lo que en algunas obras tempranas era usado en exceso y afectado, aquí se presenta con maestría y sofisticación. El resultado es una música de tremendo impacto emocional, desde el poderoso primer movimiento, a través del demoníaco scherzo, al tortuoso adagio.
Bruckner empezó a componer su última sinfonía casi inmediatamente después de finalizar la Octava; sin embargo, la Novena quedó sin terminar cuando el compositor murió, nueve años más tarde. Aunque siempre trabajaba meticulosamente y aunque sus sinfonías requerían largos períodos de gestación, nueve años dedicados a una sola obra era algo sin precedentes. Hubo varias razones por las que, a pesar de su ferviente deseo de concluir la sinfonía, no pudo hacerlo. Su salud estaba declinando y presentaba claros síntomas de inestabilidad mental. Una de las manifestaciones de su enfermedad fue la manía por revisar varias de sus sinfonías anteriores. Además, otro fanatismo se apoderó de él y minó sus energías. Su devoción religiosa, que siempre había sido fuerte, en sus últimos años quedó fuera de control. Su deseo de dedicar la Novena Sinfonía a Dios es sintomático de su obsesión. Pasaba varias horas por día en ferviente oración, horas que podría haber dedicado con más provecho a la composición. La ironía es que sus plegarias eran para tener más tiempo... tiempo para completar la Sinfonía en Re menor.
Como varios comentaristas han mencionado, Bruckner decidió tanto su estilo como su concepción de la forma sinfónica muy temprano en su carrera y posteriormente los refino pero nunca los modificó. A diferencia de un compositor como Beethoven, cuya comprensión de la sinfonía y cuyo estilo personal cambió a lo largo de los años, Bruckner encontró muy pronto su visión artística única y después exploró, incluso con mayor sutileza, las implicaciones y posibilidades de su lenguaje. La Novena Sinfonía es la culminación de este desarrollo.


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sábado

DANZA HUNGARA Nº 5 (BRAHMS)


Los artistas creadores ofrecieron una última resistencia a la creciente mecanización de la sociedad. Era una última y desesperada bocanada de aire fresco antes de la Revolución Industrial, con sus fábricas atestadas y sus chimeneas que desprendían el humo destinado a contaminar el cielo y el espíritu de la humanidad. Los artistas deseaban conservar la vida sencilla, las aldeas tranquilas, los ríos de aguas cristalinas, los bosques misteriosos e inexplorados. La inspiración provenía de lugares y tiempos lejanos de las leyendas de los valerosos caballeros que amaban a doncellas inalcanzables. En la historia y la canción estos sueños nunca se realizaban, ni se satisfacían los deseos. Era la “música de programa”, la música que relataba historias.
Tampoco se descuidaba la música religiosa. Beethoven, Schubert, Berlioz, Liszt, Brahms, Mendelssohn, Saint-Saéns, Verdi, Fauré y Dvorak compusieron obras sacras monumentales para coro y orquesta, oratorios, misas y réquiems.
Siguiendo la herencia de Beethoven, el compositor romántico no era empleado de nadie. Creaba su propia música, fruto de sus pensamientos y sentimientos apasionados, y no respondía al propósito exclusivo del entretenimiento. La única realidad con la cual debía lidiar era la inseguridad de depender de la venta de su música o, si también era ejecutante, de los ingresos obtenidos con sus conciertos.
El público romántico ya no estaba formado exclusivamente por la nobleza. La acaudalada nueva burguesía de los mercaderes y los empresarios y sus familias comenzó a asistir a los conciertos. Las representaciones ya no se limitaban al salón, la sala de conciertos o la ópera. Desde la invención del piano en 1709, un instrumento para el cual Mozart creó un conjunto completamente nuevo de composiciones, la ejecución de la música se trasladó al hogar. La mayoría de las casas tenía un piano o un armonio (es decir, un pequeño órgano) en la sala, y los niños, sobre todo las niñas de la casa, debían ser capaces de tocarlo. Esta tradición se mantiene firme hasta hoy en la alta clase media, para placer y beneficio de los profesores de musical Los compositores escribían música para estos artistas en ciernes, y ellos formaban una amplia gama, desde los intensos ejercicios repetitivos de Johann Baptist Cramer (1771-1858), Muzio Clementi (1752-1832) y Carl Czerny (1791-1857), cuya "Escuela de Velocidad" todavía es material de estudio de los indefensos alumnos de piano, hasta los bellos y difíciles "études" (estudios) de Chopin y los elevados Trascendental Études de Liszt.
Johannes Brahmas nació: el 7 de mayo de 1833, en Hamburgo, Alemania, y falleció el 3 de abril de 1897, en Viena.
La familia Brahms llevaba la música en la sangre. El padre tocaba el contrabajo en una orquesta teatral. El pequeño Brahms recibió lecciones de piano desde los siete años, y a los trece ya estudiaba composición con Edward Marxsen, que era un maestro excepcional. De su padre aprendió el modo de tocar música para baile con el violín, el violoncelo y el corno, y a preparar arreglos para las bandas de instrumentos de bronce. Ayudaba a los ingresos familiares tocando en teatros y tabernas por la noche, una experiencia que le mostró el lado sombrío de la vida a una edad temprana. Tenía quince años cuando dio su primer recital de piano en público.
A los veinte años, su capacidad para transponer (pasar de la tonalidad original a otra) a primera vista, atrajo sobre su persona la atención del violinista húngaro Eduard Reményi. El virtuoso pidió al joven que le acompañase en una gira de conciertos. En este viaje Brahms no sólo se familiarizó con la música gitana, que después volcaría en sus 21 Danzas húngaras, sino que también conoció al gran violinista Josef Joachim, que convertiría en un amigo de por vida y a quien dedicaría su brillante y único concierto para violín. A través de Joachim conoció a Franz Liszt, que no reconoció el genio de Brahms, y a Robert y Clara Schumann, que sí lo hicieron. Robert elogió la obra de Brahms en su revista de música, y Clara la ejecutó en muchos de sus recitales por toda Europa.
Aunque la reputación de Brahms como pianista creció con los años, tuvo muchos problemas para que se le reconociera como compositor de prestigio. Su Primer Concierto para piano, ahora parte del repertorio popular, no tuvo éxito el día de su estreno en Leipzig, en 1859, porque su estilo parecía muy tradicional y el público esperaba los "fuegos artificiales" de Liszt.
Su Réquiem alemán, una obra no religiosa cantada en alemán y no en el latín de costumbre, y en el cual trabajó desde 1857 hasta 1868, le aportó el reconocimiento internacional y la seguridad financiera que merecía.
Brahms, que era un perfeccionista, consagró quince años de su vida a componer su Primera Sinfonía, estrenada en 1876, cuando el autor tenía cuarenta y tres años. Su belleza y su forma le consolidaron definitivamente como sucesor de Beethoven. También avivó la "batalla" que se libraba entre los partidarios de la Escuela de Weimar, encabezada por Liszt y Wagner, que consideraba suya "la música del futuro", y la tradicional Escuela de Leipzig, representada por Mendelssohn, Schumann y Brahms, cuyo vocal era el influyente crítico austriaco Eduard Hanslick (1825-1904).
Brahms no tuvo una vida dramática. Nunca realizó su deseo de dirigir la Filarmónica de Hamburgo, pero ocupó cargos provisionales, dirigiendo otros coros y orquestas, entre ellos los de Viena, donde se estableció de manera permanente en 1868.
Aunque rechazó ser Doctor honoris causa en música por la Universidad de Cambridge, aceptó gustoso el diploma de Doctor en Filosofía de la Universidad de Breslau en 1881, y compuso la Obertura de un Festival Académico para esa ocasión.
En su vida personal disimulaba un carácter tímido y sensible con una máscara de sarcasmo y modales ásperos; sin embargo, se mostraba generoso con los músicos jóvenes de talento, y ayudó al compositor checo Dvorák a ganar su reconocimiento.
Cuando Robert Schumann fue llevado a un asilo, y dejó a Clara con la responsabilidad de sostener a siete hijos, Brahms se mudó y vivió dos años en la casa de la familia. Ayudó a cuidar de los niños mientras Clara realizaba sus giras. Entre ellos se intercambiaron muchas cartas. Clara tenía catorce años más que Johannes, y al parecer no deseaba volver a casarse, pero los dos continuaron siendo buenos amigos toda su vida. Brahms nunca contrajo matrimonio. En 1896, cuando ella yacía moribunda, Brahms alivió su propio dolor componiendo las agobiadoras Cuatro canciones serias. Poco después descubrió que él tenía cáncer. El 7 de marzo de 1897 consiguió asistir a una ejecución de su Cuarta Sinfonía. Al terminar ésta, el público y la orquesta se pusieron de pie y aplaudieron en una suerte de dolorosa despedida. Menos de un mes después había muerto.
Se considera tradicional el estilo de Brahms, pero exhibe un sonido muy original. La forma puede ser clásica y posee perfección técnica, pero la calidez y el lirismo pertenecen al romanticismo puro.
Sus composiciones: 4 sinfonías, 2 conciertos para piano, 1 concierto para violín, 1 concierto doble para violín y violoncelo, mucha música de cámara, serenatas orquestales, y variaciones, varios volúmenes de música para piano, incluso las hermosas Liebeslieder (canciones de amor), valses, intermezzi y rapsodias. Canciones y ciclos de canciones: fue otro importante compositor de la canción culta alemana. Coral: Un Réquiem alemán, Canción del destino (Schicksalslied) y otras obras.
Las Danzas húngaras nacieron en los años 1858/69 en la versión para piano a cuatro manos. Las Danzas No. 1-10, en 1869 se publicaron en dos libros y los números 11-21 en 1880 en otros dos libros. En 1872 Brahms escribió la versión para piano solo de los 10 primeros. Aparte de los números 11, 14 y 16, los restantes no son ideas originales de Brahms sino cambios en las melodías existentes.


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