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TRANSCRIPCIONES PARA PIANO-EL ELFO (SCHUBERT/LISZT)


Las Transcripciones integran un capítulo importante dentro de la literatura pianística Universal, sin embargo han sido motivo de discusión constante entre amantes de la música, compositores, intérpretes, que cuestionando desde su identidad hasta su proyección artística, han ignorado su valor, cuando sí lo tienen, dentro del campo de la creación musical y del arte en general.Si nos remitimos a cualquier diccionario musical, veremos que se define por transcripción, la adaptación para un instrumento musical determinado, de una música originalmente compuesta para otro instrumento. Podríamos ejemplificar con la transformación de una canción en pieza para piano, o de una obertura para orquesta en pieza para órgano, etc. A veces suele utilizarse indistintamente el término de arreglo, para darle nombre a estas transcripciones.Ahora bien, la transcripción, como obra artística requiere por parte de quien la realiza, ya sea compositor o pianista, un conocimiento profundo del instrumento para el cual está transcribiendo, de los estilos musicales a emplear y de una estética musical que tratados con seriedad darán un buen resultado. De lo contrario, no pasarán a la historia como han pasado las buenas transcripciones junto a las buenas obras originales, no olvidemos que hay muchas obras escritas originalmente para piano y que sin ser transcripciones no han tenido el valor artístico necesario y han desaparecido por así decirlo del repertorio pianístico.Cuando una transcripción, no se limita a un simple traslado de notas musicales, se verá que hay cambios sustanciales en pasajes determinados que resultan de gran efecto en un instrumento y sin em-bargo pueden resultar ridículos o por lo menos de mucho menor efecto cuando se tocan en otro instrumento. Es necesario que el transcriptor considere dichos pasajes como si fueran escritos de forma original para el instrumento dado y no respetar la fidelidad de donde provienen. Por lo general, los grandes transcriptores en obras para piano han sido excelentes pianistas, podemos citar a Ferruccio Busoni, Franz Liszt, Leopold Godowski, Sergei Rachmaninov, Karl Tausig, Myra Hess, Johannes Brahms, Samuel Feinberg, Vladimir Horowitz como ejemplos de trabajos logrados con verdadero acierto.Las transcripciones, como toda obra de arte, cumplen una función determinada, ya que ya sea estética, pedagógica, o sencillamente motivada por el deseo del realizador por la belleza de la música que quiere expresar en su instrumento, y escoge para dar rienda suelta a su sensibilidad y virtuosismo, una obra musical, como escogería una obra musical también, pero escrita originalmente para piano que se ajusta a sus requerimientos y necesidades conceptuales del momento.Antiguamente, no existía el concepto de tocar en un instrumento las obras que solamente habían sido escritas para el. A fines del siglo XVI y comienzos del XVII, encontramos madrigales publicados por sus compositores como Apt for voyces or viols (aptos para voces o violas) y el Fitzwilliam Virginal Book contiene cierta cantidad de música coral de compositores extranjeros transcripta para el teclado, a la que se han agregado, como es natural, algunas notas que el instrumento requiere. Mas tarde y en el mismo siglo XVII, Henry Purcell transcribe ocasionalmente para tecla la parte vocal y el acompañamiento de algunas de sus canciones. Couperin en sus diversos libros de composición para clave agrega a menudo una nota a pie de página sugiriendo que un trozo es igualmente efectivo, o más, cuando lo ejecuta un grupo especificado de instrumentos de viento o de cuerdas.Johann Sebastian Bach fue uno de los grandes transcriptores en la historia de la música. Arregló para el clave dieciséis conciertos para violín de Antonio Vivaldi, y tres para órgano, y lo hizo tomándose libertades que hoy en día apenas se considerarían permisibles, por eso Bach creó y rompió reglas demostrando que todo es posible si se hace con verdadero genio y talento. A veces realizó arreglos más que dudosos. Albert Schweitzer, su biógrafo y crítico más entusiasta, opina al referirse al Concierto en do menor para dos violines y orquesta: "Cómo pudo Bach aventurarse a transferir al clave con su sonido quebrado, las dos partes cantables de violín del movimiento lento, es algo que él sólo puede contestar. Si no lo hubiera hecho Bach mismo, estaríamos hoy protestando en su nombre por una transcripción tan poco bachiana. Este no es el único caso en que Bach dificulta a sus profetas la tarea de atacar en su nombre la labor de los malos adaptadores".Franz Liszt fue otro gran transcriptor. En sus versiones se permitió numerosas libertades, dejándose guiar por el deseo de lucir su gran técnica de pianista, aunque no en todas reina el virtuosismo por el virtuosismo, hay en ellas verdaderos tratados de expresividad y sonoridad sin artificios y alardes de velocidades virtuosas pero que requieren del interprete toda la profundidad, sutileza y dominio de un virtuoso del piano, como en Isolde liebestod (del Tristan e Isolda de Richard Wagner). En otras explota toda la grandiosidad sonora del piano a la mayor escala posible convirtiendo en pianísticos, pasajes y ambientes de gran colorido orquestal, como es el caso de la Tanhäuser Overture de Richard Wagner.Liszt arregló para piano diversas obras de otros compositores de diferentes géneros, preludios y Fugas para órgano de Bach que no son consideradas sus más felices transcripciones entre otras razones porque el resultado no es ni Bach, ni Liszt y pianísticamente tampoco están a la altura de otras obras de Bach transcritas para piano por Busoni por ejemplo, o la maravillosa versión de Krystian Zimerman sobre la Pasacaglia en do menor para órgano. De todas formas, la transcripción lleva un lugar importante dentro del catálogo Lisztiano. Sus transcripciones sobre lieder de Franz Schubert, Robert Schumann, Félix Mendelssohn, están llenas de grandes dificultades que las hacen estar a la altura de cualquier obra escrita originalmente para piano por el propio Liszt, si tenemos en cuenta que lieder como Erlkönig Op. 1, o Gretchen am Spinnrade Op. 2 de Franz Schubert ya son complejas de interpretar en su versión original de voz y piano por la independencia total entre las dos partes (que requiere el género del lied) resulta aún mucho más complicada la ejecución de la transcripción ya que las dificultades están aumentadas, lo cual constituye un fin propuesto por el transcriptor, llevar a un plano totalmente distinto los mismos elementos pero alterando la forma sin dejar de respetar el espíritu más puro de la obra.Hay quien ha dicho, en tono peyorativo, y lo creemos injusto, que los lieder de Schubert más que arreglados por Liszt han sido disfrazados. Sin embargo a nadie se le ocurriría decir que Maurice Ravel disfrazó los Cuadros para una Exposición de Modest Mussorgski al realizar su orquestación y si grande era Ravel como orquestador, grande fue Liszt como pianista.Leopold Godowsky, realizó 52 Estudios sobre obras de F. Chopin. en su mayoría sobre los estudios del compositor polaco. Este trabajo, que no es precisamente una transcripción, ni tampoco se asemeja al tratamiento que dieran Robert Schumann o Franz Liszt a sus Estudios sobre Caprichos de Paganini, constituyen una obra de monumental dificultad técnica para los pianistas. Si tenemos en cuenta que el Op. 10 y el Op. 25 de los estudios de Chopin representan un reto a la técnica pianística, qué diremos de estos estudios de Godowsky sobre los de Chopin en los que convierte varios estudios en obras para la mano izquierda sola, o invierte las manos dándole a la mano derecha lo que en el estudio original hace la izquierda y viceversa. En otros casos combina dos estudios a la vez, mientras una mano toca pasajes del Op. 10 No 5 la otra va tocando el Op. 25 Nº 9 ambos en sol bemol mayor y es el Nº 47 con el subtítulo de Badinage. Otra combinación es la realizada con los estudios Op. 10 Nº 11en la mano izquierda mientras la derecha toca el Op. 25 Nº 3 . De estos estudios de Godowsky encontramos grabaciones de Jorge Bolet, Ian Hobson y la grabación integral interpretada (no muy felizmente) por Geoffrey Douglas-Made.Otro fenómeno muy diferente, es el de las transcripciones para orquesta de obras de Frederic Chopin, aquí en la posición inversa, si resultan poco agraciadas las orquestaciones. El mundo de Chopin era eminentemente pianístico y por consiguiente, propio del período romántico, lleno de un rubato del cual Chopin además era un maestro, lo cual resulta muy difícil llevar a cabo con una orquesta por que no es su recurso expresivo más fuerte como conjunto. En este caso la transcripción u orquestación alejan la obra de su esencia en su estado más original, desvirtúan el germen que dio origen a la obra artística en cuestión y si a esto agregamos que estas orquestaciones habían sido realizadas para ser utilizadas en Ballets como Las Sílfides de Michael Fokin, completamos el cuadro de desacierto ya que las exigencias de la danza distan mucho de las del salón francés en el que se pasaban estas obras.Otro capítulo dentro de la transcripción Lisztiana son las realizadas sobre temas de ópera. En este tema Liszt se recreó como en ninguno, creando obras que figuran tanto como otras originales en el repertorio de programas de recitales y conciertos de pianistas de talla universal. Sus transcripciones sobre ópera italiana constituye un verdadero alarde de música y virtuosismo pianístico, entre ellas encontramos la Paraphrasis sobre el cuarteto de la ópera Rigoletto de Giuseppe Verdi (Bella figlia del amore) , Reminiscences de Lucia de Lammermoor de Gaetano Donizetti, (basada en el sexteto de dicha ópera), o su Reminiscences de Don Juan de W. A. Mozart que quizás sea la más difícil de todas sus transcripciones, también en ópera italiana realizó trabajos sobre fragmentos de Norma, Los Puritanos de Vincenzo Bellini, Trovatore, Ernani de Giuseppe Verdi y La Sonnambula, por citar algunos. En ópera francesa, también encontramos transcripciones sobre el Vals de Faust de Charles Gounod, Roberto el diablo de Meyerbeer, por ejemplo.Sin duda, Liszt sintió siempre gran simpatía y admiración por Richard Wagner y por lógica llevó al piano muchas de las páginas de óperas wagnerianas, esto significó una gran difusión para la obra del compositor que a través de Liszt, se dio a conocer no sólo en el marco del teatro con la puesta e escena de una obra suya, sino en el salón de concierto por mediación de las versiones que hacía Liszt de sus obras, eran tiempos en que no se contaba con las grabaciones discográficas, para oír una ópera o cualquier obra musical era imprescindible asistir al lugar donde se interpretaba, el montaje de una ópera wagneriana no era fácil y ya sabemos todos los contratiempos con que tropezó este gran compositor, teniendo por otra parte, posibilidad de que su música corriera por salas de conciertos en versiones pianísticas realizadas nada menos que por una de las figuras más célebres del período musical romántico.Era evidente, que en esos tiempos los compositores no desaprobaban las versiones para piano de sus obras originalmente escritas para otro formato. La tendencia actual en materia de transcripciones es mucho más conservadora y habitualmente no se considera correcto que un adaptador interpole sus propias ideas, como Liszt lo hacia frecuentemente. Se considera al transcriptor como al traductor de un libro, cuya obligación es reproducirlo con tanta exactitud como lo permitan los giros idiomáticos del lenguaje al cual se vierte la obra.Muchos compositores además de Bach, han arreglado sus propias obras para otros instrumentos, Beethoven publicó su Concierto para violín y orquesta transformado en un Concierto para piano y orquesta. Claude Debussy hizo una versión para dos pianos de su Petite Suite para orquesta, del mismo modo existe una versión, a la inversa, de Ma Mere l'Oye orquestada orquestadas más tarde por el propio Ravel para un ballet. Manuel de Falla transcribió para piano varias Danzas de La Vida breve, El amor Brujo y El Sombrero de Tres Picos, que suelen interpretarse en conciertos sin temor alguno a la crítica por ser transcripción del autor.
Entre los pianistas hay diversidad de criterios sobre las transcripciones: pero ¿responden estos criterios a un profundo análisis musical morfológico y estético de las obras en cuestión, o a prejuicios heredados de generaciones anteriores?Posición del intérpreteDe estas preguntas sacamos varias conclusiones, los criterios a favor de las buenas transcripciones no nos ocupan. Por otra parte, de las opiniones negativas podemos pensar que están condicionadas por varios factores, uno de ellos puede ser la dificultad técnica de algunas transcripciones que sólo está al alcance de pianistas con una técnica deslumbrante por su brillantez, rapidez y gran sonoridad que lo diferencian de un modelo de pianista más sobrio por así decirlo.Este sólo factor ya sería suficiente para ir creando una atmósfera negativa con respecto a un cierto tipo de obra y si nos fijamos bien, tampoco estarían dentro del repertorio de dichos intérpretes las obras más difíciles técnicamente de la literatura pianística original con la única diferencia que a las obras originales no se suele criticar sino callar si no se decide abordarlas.Otro factor que ha contribuido de forma negativa a la acogida por parte de los pianistas al género de las transcripciones es sin duda, la opinión de ciertos críticos de arte con acceso a los medios masivos de divulgación, ha habido etapas en que tras una apariencia de musicólogo o de amplio conocedor sobre aspectos musicales se han escondido verdaderos diletantes, músicos frustrados, que con sólo un barniz y unos pocos conocimientos superficiales e incapaces de poder tocar dignamente un instrumento se han dedicado a criticar negativamente lo que hacen los verdaderos artistas y esto a través del tiempo ha hecho daño, creando una nebulosa mal fundada en un género al que podían atacar con más facilidad y así demostrar su gran capacidad de análisis para descubrir lo negativo.Lo curioso del tema es que a los grandes intérpretes esto no ha podido influirles de forma negativa. A través de las distintas generaciones dentro de la historia del pianismo universal las transcripciones han sido acogidas por los buenos intérpretes, tanto los de corte brillante como los más sobrios en cuanto a proyección. No todas las transcripciones son portadoras del mismo recurso técnico, musical y expresivo, y como tal, cada pianista escoge para su interpretación de la mis-ma manera que lo hace al elegir obras originales. También está el caso de grandes pianistas que no suelen interpretar transcripciones en sus conciertos pero precisamente su condición de grande del teclado no lo hace manifestarse en contra del género.Grabaciones discográficasDesde el inicio de las grabaciones discográficas, las transcripciones para piano han figurado de una forma u otra en las grabaciones de grandes pianistas. Nunca de forma numerosa ya que todo está en proporción, y es mucho mayor en la literatura pianística la cantidad de obras originales, pero sí como una realidad dentro de la música escrita para el piano, como un capítulo que juega su rol, el que le corresponde por su valor artístico, ni más ni menos.Una de las figuras más importantes del mundo pianístico de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, que sin duda Josef Hofmann. en las grabaciones que hiciera para The Gramophone and Typewriter Co. (G and T) en 1903, encontramos la Marche Militaire de Schubert en transcripción de Tausig y Der Erlkönig de Schubert en transcripción de Liszt. Posteriormente en la serie que graba para The American Gramophone Co. (Columbia) entre 1912 y 1918 están registradas: Chant Polonaise, The Maiden's Wish de Chopin-Liszt, Schubert-Tausig: Marche militaire, Schubert-Liszt: Der Erlkönig, y Glück-Brahms: Gavotte. Para The Brunswick Recordings, Josef Hofmann graba de 1922 a 1923 y también incluye las siguientes transcripciones: Scarlatti-Tausig: Pastorale y Capriccio, Glück-Brahms: Gavotte, Beethoven-Rubinstein: T'urkish March (de Las Ruinas de Atenas) Wagner-Brassin: Mlagic Fire music, Chopin-Liszt: Chant Polonaise My Joys y Liszt: Paganini Etude n. 3 La Campanella.E1 28 de noviembre de 1937, Hofmann en un concierto en el Metropolitan Opera House de Nueva York, celebrando el 50 aniversario de su debut, incluye en el programa la Marcha Turca de Las Ruinas de Atenas de Beethoven en transcripción de Anton Rubinstein.Otra pianista de la primera mitad del siglo XX que también abordó las transcripciones y de las cuales hizo gala, sobre todo con Arabesques sobre Temas de El bello Danubio Azul de Strauss/Shulz-Evler, fue Rosita Renard, a quien le dedicamos un artículo. Esta grabación se encuentra junto al Minuet del Quinteto op. 13 n. 5 de Boccherini en la serie que hiciera para la Brunswick en 1928.Pianistas como Josef y Rosina Lhévinne, también cultivaron el género de la transcripción. Para la firma Camden hoy reeditadas en CD por The Piano Library Josef Lhévinne grabó de Robert Schumann-Liszt: Frühlingsnacht, de Johann Strauss-Schulz-Evler: Arabesques on Themes of The Beautiful Blue Danube Waltz, de Robert Schumann-Tausig: El Contrabandista y de Claude Debussy-Ravel: Fêtes, esta última con Rosina Lhévinne a dos pianos.Hay ejemplos de pianistas que se realizaban ellos mismos sus transcripciones además de tocar transcripciones de otros pianistas o compositores, tal es el caso de Vladimir Horowitz, uno de los grandes virtuosos del piano en toda la extensión de la palabra. De Horowitz son famosas sus versiones de la marcha The Stars and Stripes Forever (Barras y Estrellas para siempre) de Sousa o sus Variaciones sobre Carmen de Bizet, sus arreglos en el final de Cuadros de una exposición de Modest Mussorgski o de la Rapsodia Húngara n.2 de Franz Liszt donde en su parte final superpone los cuatro temas más característicos de la sección a la vez. Horowitz era un pianista que se tomaba muchas libertades, en el Estudio en Fa Mayor de Moritz Moskowsky cambiaba la escala cromática final por un pasaje mucho más complicado. También interpretaba transcripciones de otros compositores, la Marcha Militar de Schubert-Tausig o Isolde's Liebestod de Wagner-Liszt, por citar algunas.Ahora bien, por los pianistas mencionados hasta ahora, podría pensarse que el tema de la transcripción era inherente a la primera mitad de nuestro siglo y pudiera verse como algo pasado pero no es así. En la segunda mitad del siglo XX y aún en la última década, las transcripciones han seguido presentes en los conciertos y grabaciones de grandes pianistas. Jorge Bolet, Alfred Brendel por ejemplo, han realizado Maravillosas interpretaciones de las transcripciones de Franz Liszt sobre lieder de Schubert, óperas francesas e italianas o sobre temas de Wagner. Daniel Barenboim ha grabado la versión para piano de L. van Beethoven sobre su Concierto para violín y orquesta. Alicia de Larrocha en sus tres volúmenes de páginas célebres para piano incluyó la Marcha Militar de Schubert-Tausig, la Invitación al Vals de Weber y la Danza Ritual del Fuego de Manuel de Falla.También a dejado constancia en registros discográficos en este caso para DECCA, de Corales de J.S. Bach en transcripción de Harriet Cohen y de la Chacona en re menor también de J.S. Bach en versión de F. Busoni de la cual hace una interpretación magistral con toda la coherencia y la grandeza que las caracterizan.Posteriormente ha hecho maravillosas interpretaciones de las Danzas de La Vida Breve, El Sombrero de Tres Picos, una Suite de El Amor Brujo y la sinfonía Maese Pedro de El Retablo de Maese Pedro todas de Manuel de Falla y en transcripción del autor, con algunas variantes tomadas de la partitura orquestal e incorporadas posiblemente por la propia Alicia de Larrocha con total acierto para lograr un mejor resultado pianístico.Tatiana Nikolayeva, una de las pianistas que mas ha interpretado la obra de J.S. Bach, ganadora del Primer Premio del Concurso Bach y miembro del Jurado en varias ediciones posteriores, después de grabar casi toda la obra de Bach en piano, o por lo menos gran parte de ella, realizó un disco dedicado por completo a transcripciones sobre diferentes obras de Bach. De sus obras para órgano incluyó Toccata y Fuga en re menor, BWV 565 en transcripción propia. Fuga en Sol menor, BWV 578 en transcripción de Yu. Takakhasi, en versión de F. Busoni tres Preludios Corales y la Chacona en re menor, BWV 1004 para violín solo. El Coral de la Cantata n. 147 Jesu bleibet meine Freude en el arreglo que hiciera Myra Hess y Siciliana en sol menor, BWV 1031 de la Sonata para Flauta y Clave en transcripción de W. Kempf.Krystian Zimerman, uno de los pianistas actuales más relevantes, nos ofreció en su última presentación en el Auditorio Nacional de Música en Madrid, una versión suya de la Pasacaglia en do menor para órgano de J.S. Bach que fue verdaderamente impresionante por su exactitud y perfección en la transcripción y en su interpretación.Por último mencionaremos al pianista más grande de la nueva generación, el más joven que ha alcanzado el nivel técnico madurez interpretativa lógica de pianistas ya avanzados en años con sólo sus veintiséis anos, Evgeny Kissin. Ya en sus primeros conciertos figuraron transcripciones para piano y algunas no muy comunes, por cierto. Es quizás uno de los pianistas jóvenes que más transcripciones haya abordado y que utiliza constantemente, ya sea dentro del programa o fuera, como encores o propinas entre ellas están: Lilacs, Op. 21 n. 5 de Sergei Rachmaninov en transcripción del autor, Widmung, op. 25 n. 1 de Shumann-Liszt, Home, Sweet Home de Henry Bishop-S. Saegusa, Siciliana, BWV 1031 de J.S. Bach-W. Kernpf, Vocalisse, op. 34 n.14 de Sergei Rachmaninov-Richardson, Melodie (de Orfeo) de Glück-Sgombati, Marche Mililitaire, D 733 n. 1 de F. Schubert-Tausig, Chacona en re menor de J.S. Bach-Busoni, un grupo de lieder de Schubert-Liszt entre los que figuran: Gretchen am Spinrade (Schubert D 118/Liszt: Scarle 558 n. 8), Der Müller und der Bach (Schubert D 795 n. l9/Liszt: Scarle 565 n. 2) Auf der dem wasser zu singen (Schubert D 774/Liszt: Scarle , 3 n. 2), Die forelle y Erlkönig. También de Schubert-Liszt: Soirées de Vienn: Valse caprice n. 6 (Primera versión) y por último de Edvard Grieg, Ich liebe dich, op. 41 n. 3 y Aus dem Karneval, op. 19 n. 3 .Esto nos da una medida de que las transcripciones para piano siguen vigentes en el repertorio de los grandes pianistas, si es cierto que no todas resisten el paso del tiempo y para pesar sobre los años sólo se necesita calidad y sinceridad sobre todas las cosas. Lo bueno queda, la propia música acoge a las buenas obras, acerquémonos a ellas sin prejuicios. Dejemos que la música hable por si sola.



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