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CONCIERTO PIANO Y ORQUESTA Nº 1-ALLEGRO MAESTOSO (LISZT)


Este concierto está considerado como el más brillante, perfecto y popular de todos los que Liszt compuso. No expresa ni mundos contemplativos, ni ideas profundas, entre otras cosas porque Liszt nunca estuvo interesado en destacar en sus obras esas características, excepto en contadas ocasiones. El concierto es de una fuerza superior a la de su posible trascendencia. Tal vez la característica más acusada sea la del interés con que, sin que el piano pierda protagonismo, participe la orquesta, ya sea con intervenciones de distintos solistas, ya en los tutti de una formación que emplea, lejos de limitaciones clásicas, todo un conjunto, incluidos los trombones y una rica y brillante percusión.
Innovador en todos los géneros que abordó, Franz Liszt también dedicó su atención al concierto para piano con dos obras que fueron suficiente para marcar el posterior desarrollo del género. Los primeros bocetos de estos conciertos datan de 1839-40. Ambos fueron completados en 1849 y revisados en 1853, durante la exitosa y fructífera estancia de Liszt en Weimar.
En cuanto a la estructura de las obras, Liszt se toma muchas libertades en relación al concierto clásico y deja de lado también las exageraciones propias de los conciertos virtuosísticos; esto, sin embargo, no es obstáculo para que la parte del piano esté plagada de todo tipo de dificultades para el intérprete. El tratamiento de la orquesta es colorista y se funde perfectamente en la exposición de los temas con el piano. Se ha dicho incluso que estos conciertos son en realidad "poemas sinfónicos con piano obligado". Aunque Liszt no dejó indicación alguna que sugiera alguna referencia programática, el estilo de las obras es deudor de los Poemas Sinfónicos a los que Liszt se había dedicado en su etapa de Weimar.
El Concierto para piano nº 1 fue estrenado el 17 de febrero de 1855, con el propio autor actuando como solista y Hector Berlioz al frente de la orquesta. Este concierto está considerado como el más brillante, perfecto y popular de los que Liszt compusiera. No expresa ni mundos contemplativos, ni ideas profundas, entre otras cosas porque Liszt nunca estuvo interesado en destacar en sus obras esas características, excepto en contadas ocasiones. El concierto es de una fuerza superior a la de su posible trascendencia. Tal vez su característica más acusada sea la del interés con que, sin que el piano pierda protagonismo, participe la orquesta, ya sea con intervenciones de distintos solistas, ya en los tutti de una formación que emplea, lejos de limitaciones clásicas, todo un conjunto, incluidos los trombones y una rica y brillante percusión. Sus tiempos son:
1. Allegro maestoso
2. Quasi adagio
3. Allegretto vivace - Allegro animato
4. Allegro marziale animato


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