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OBERTURA DE MEDEA (CHERUBINI)


El nuevo estilo del clasicismo nació de la batalla entre ideas. El barroco tardío dió pie a la expresión dramática de un sentimiento y el clasicismo puso la acción. Por primera vez la música fue capaz de describir un afecto o sentimiento primario y permitió vivenciar al personaje gracias a su evolución dramática personal. El clasicismo fue influido por las corrientes operísticas italianas en su renovación a través de la ópera seria. Estos dramas escénicos mostraban un conflicto de pasiones sobre el telón de fondo del mundo antiguo. Con frecuencia, la resolución era un acto heroico o de renuncia. La ópera solía tener tres actos en los que se alternaban recitativos y arias, y con pocas intervenciones orquestales destacadas fuera de la obertura. Estos parámetros exigían un cambio, que empezó a fraguarse en los dramas de Traetta y Jommelli y que derivó en la reforma del lenguaje operístico, conjugando el estilo francés e italiano, en la obra de Gluck.
La personalidad de Cherubini fue una curiosa mezcla de irritabilidad y acogedor afecto, de brusquedad y amabilidad. Es cierto que para sus alumnos en el Conservatorio y para sus colegas músicos aparecía generalmente como demasiado severo, pero tenía una clara conciencia de lo que era el arte y su incuestionable integridad.
Maria Luigi Carlo Zenobio Salvatore Cherubini desarrolló una carrera que puede dividirse en tres periodos. El primero, el periodo italiano, se extiende desde 1760 a 1784. A los seis años estudió música con su padre, un clavecinista, y a los nueve se interesó por la composición, revelando un sorprendente talento creativo.
Entre 1773 y 1777 escribió varias misas y un oratorio, todas interpretadas y muy apreciadas. Su habilidad atrajo el entusiasmo del Duque de Tuscania quien le permitió estudiar con Giuseppe Sarti, un famoso compositor y teórico de la época. Por cuatro años fue alumno de Sarti y aprendió de su maestro un total y hábil manejo de la técnica.
A los 19 años Cherubini compuso su primera ópera, "Il Quinto Fabio". Intrigado por el género escribió siete obras más antes de 1784. Todas estas óperas siguieron la tradición italiana aceptada, pero estaban tan bien estructuradas y poseían tal calidad melódica, que pronto otorgaron al compositor una imponente reputación.
En 1784 comenzó el segundo periodo, perodo de transición, en la carrera de Cherubini. Dejó Italia y se trasladó a Londres, donde era muy admirado por el Príncipe de Gales, y allí ocupó el cargo oficial honorario de compositor del Rey de Inglaterra.
Sin embargo, lo más importante de esa estadía en Londres fue el contacto que adquirió con muchas obras de Haendel, cuyas cualidades dramáticas influyeron excesivamente a Cherubini. Después de dos años en Londres, el músico cruzó el canal y, en junio de 1786, se estableció de manera permanente en París.
Fue en la capital francesa donde se desarrolló la tercera y última etapa en la evolución artística de Cherubini. Allí conoció las óperas de Gluck y se dio cuenta que él había estado en el camino errado dentro de su creación operática.
Fue debido a Gluck que Cherubini desechó aquel estilo trivial de sus óperas tempranas y, con Démophon (1788), adoptó un estilo más complejo y grandioso con en el cual colocó mayor énfasis en el contenido dramático. Y en París fue donde también conoció por primera vez las grandes obras sinfónicas germanas.
Cuando Cherubini llegó a París entró en contacto con su compatriota Viotti, el celebrado violinista que por esa época era uno de los más famosos en los escenarios parisinos. Por un corto periodo Cherubini vivió con Viotti y éste introdujo al joven en la alta sociedad, abriendo con ello las puertas más exclusivas y proporcionando invaluables contactos.
Fue entonces gracias a la influencia de Viotti que Cherubini logró sus primeros puestos. Cuando el Conservatorio de París fue fundado en 1795, Cherubini fue nombrado Inspecteur. Y durante los cuarenta y siete años que siguieron el músico mantuvo su asociación con el Conservatorio siendo su director por casi dos décadas.
Durante los años de la Revolución Francesa, el genio creativo de Cherubini maduró y, en el periodo que siguió, produjo aquellas obras por las que hoy se le recuerda. Dos óperas, Anacréon y Les Deux Journées, el Requiem y la Sinfonía en Re Mayor (compuesta como resultado de un encargo desde Inglaterra).
En 1805 Cherubini visitó Viena para asistir al estreno de Les Deux Journées. Mientras estaba ahí conoció a Beethoven. Este último consideraba a Cherubini como el más importante compositor de la época, pero el italiano no devolvió el cumplido.
El honor y la fama concordaron generosamente durante los mejores años de Cherubini en París. Hubo pocos que negaran su influencia y su sitial como uno de los compositores más distinguidos de su generación. Su importante puesto en el mundo musical era reconocido.
Fue nombrado miembro de la Legión de Honor, músico y superintendente de la Capilla Real y, en 1822, ascendido al cargo de director del Conservatorio de París. Los años finales de la vida de Cherubini fueron un periodo de retiro en compañía de su familia y cuando falleció fue sepultado con la pompa y ceremonia adecuados para el músico más famoso del mundo.
Como compositor, Cherubini fue profundamente influido por muchos de sus predecesores y contemporáneos. Los elementos de Gluck, Mozart y Haydn son evidentes en distintos aspectos de su estilo. De su creación operática es especialmente notable Medea, que en cierto modo anticipa los dramas de Wagner. No sin razón Brahms fue un entusiasta admirador de esa ópera reconociendo su gran capacidad dramática.



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