jueves

MARCHA TRIUNFAL DE AIDA (VERDI)


"El campesino de Roncóle", como se llamaba Verdi a sí mismo, nació en esta aldea lombarda durante el breve período de la ocupación francesa, por lo que su acta de bautismo se redactó en este idioma, el 10 de octubre de 1813, cinco meses después de nacer Richard Wagner.
Los dos compositores más importantes del teatro musical de la época no llegaron a conocerse personalmente. La vida del alemán transcurrió de una manera mucho más dramática, durante toda su vida provocó violentas luchas, ásperas polémicas, juicios contradictorios. La carrera de Verdi, en cambio, sube cada vez más, en un ascenso incontenible. Por supuesto, tampoco a él le faltaron enemigos y envidiosos, pero los acontecimientos exteriores de su vida son, sobre todo en el ámbito privado, mucho menos espectaculares. A partir de los cuarenta años, Verdi domina la vida operística de su patria, diez años después llega a convertirse en el compositor más interpretado de la vida musical internacional y sus obras mantienen esa posición sobresaliente hasta el día de hoy. Es el primero en la estadística internacional de interpretaciones, seguido por Mozart, Puccini, Rossini, Wagner y Richard Strauss.
La mayor parte de la vida de Verdi transcurrió en Sant'Ágata, la hermosa finca rustica que hizo edificar con las crecientes ganancias de sus óperas y en cuyos campos, bosques y establos se sentía mucho mejor, más cómodo que en la actividad de los grandes teatros, que visitaba en lo posible sólo para los estrenos de sus obras, con los días necesarios para los ensayos, en cuya exactitud ponía el máximo interés.
La mayor parte de su vida la pasó al lado de la misma mujer: después de haber perdido en su juventud a su primera mujer y sus dos hijos, encontró en la famosa cantante Giuseppina Strepponi una compañera ideal, que acompañó en silencio y con modestia, pero con infinita comprensión y afecto, su ascenso y su fama.
Sus predecesores y modelos musicales fueron Donizetti y Bellini, en parte también Rossini, que dominó la vida musical de la época como ningún otro compositor. Verdi debutó con éxito a los veintiséis años en la Scala de Milán, con Oberto, pero fracasó totalmente un año después con la comedia Un giorno di regno. Este fracaso coincidió con la pérdida de su familia, durante una epidemia, y ambas cosas lo llevaron, por primera y única vez en su vida, al borde de la desesperación y del suicidio moral. Sólo con un gran esfuerzo volvió a componer; así surgió Nabucco, un éxito decisivo. El coro de los esclavos hebreos («Va pensiero sull'ali dórate») es una de las melodías de ópera más populares del mundo.
Con I lombardi obtuvo otro gran éxito, en parte gracias a que los coros, cuyos textos podían aplicarse a la situación política de Italia en ese momento, tenían una amplia repercusión popular. Verdi se convirtió en el ídolo de los jóvenes revolucionarios, que soñaban con una Italia unificada y no con los numerosos pequeños Estados en permanente conflicto y por lo general dominados por potencias extranjeras. Más tarde, Verdi denominó «años de galeras» aquella época de intensísima producción operística. Apenas encontraba tiempo para pulir las partituras. Sin embargo, en esta elevada cantidad de obras tempranas hay varias obras maestras. La fase decisiva de su creación comienza probablemente con Rigoletto: a partir de entonces lo descubren también los escenarios más importantes del extranjero y lo interpretan cada vez más. Dos años más tarde, La Traviata sufre un fracaso total, pero éste ya no puede alterar su posición, y poco tiempo después cambia la opinión sobre esta obra gracias a una interpretación más acertada.
A partir de entonces sus óperas muestran un grado cada vez mayor de refinamiento, así como una tendencia cada vez más nítida hacia el «drama musical». Este desarrollo, totalmente inherente al espíritu de la época, se ha interpretado a menudo, equivocadamente, como una inclinación hacia el «germanismo» y el «wagnerismo», cuando en realidad se trataba de un fenómeno completamente internacional que acabó con muchas características de la vieja ópera del siglo XVIII: los «números», es decir, la sucesión de partes musicales completas; el predominio del aria; la división entre las partes musicales cerradas (aria, dúo, trío, coro, etc.), el recitativo tratado como canto hablado. El drama musical exige además una caracterización psicológica más profunda de los personajes, así como un dramatismo más intenso en el desarrollo de la acción. Era natural que Verdi se esforzara por alcanzarlo. No necesitaba modelos en ese camino. Admiraba a Wagner, pero jamás se le habría ocurrido imitarlo. Sabía demasiado bien (y lo expresaba con una frase muy inteligente) que «no se podía componer un Tristán bajo el cielo de Italia».
A medida que crece su fama, crece también su rechazo de la actividad teatral usual. Durante mucho tiempo no confía el estreno de ninguna de sus nuevas obras a ningún teatro de su patria: La forza del destino se estrenó en San Petersburgo, Don Carlo en París. Y lo mismo sucedió con Aida, solicitada desde hacía mucho tiempo por El Cairo, antes de estrenarse allí. Con ello, la carrera de Vérdi parece terminada brillantemente; en ese momento, a los sesenta años, no manifiesta más deseos de componer. Y es necesaria la diplomacia de su editor y amigo Giulio Ricordi para interesar a Verdi por una nueva ópera. Pero incluso cuando se ha decidido, mantiene el plan en secreto, también ante el poeta Arrigo Boito, que supo entusiasmarlo con su extraordinaria versión del Ótelo de Shakespeare. Por último, pasan más de quince años desde la composición de Aida hasta que la Scala estrena, en el verdadero sentido del término, este drama musical. Y el «milagro de la vejez» se produce cuando da a conocer a los ochenta años el Falstaff; y así refuta la profecía de Rossini, formulada medio siglo antes, que decía que nunca podría componer una buena comedia.
Verdi y Giuseppina murieron a edad muy avanzada y fueron enterrados en la misma tumba dentro de los muros del asilo para compositores que se estaba construyendo y al que el maestro había legado su fortuna. Poco tiempo antes de su muerte (el 27 de enero de 1901), no sólo había dispuesto la construcción de este establecimiento, sino que también había escrito en su testamento: «Dispongo que mi sepelio sea muy modesto y que tenga lugar al amanecer o por la tarde, a la hora del Ángelus, sin cantos ni música...». Pero el último punto no pudo cumplirse. La multitud que llenaba las calles de Milán irrumpió espontáneamente con la melodía de «Va pensiero sull'ali dórate» y acompañó así hasta la tumba al más querido de los maestros italianos
Aída se estrenó el 24 de diciembre de 1871 con motivo de la aprtura del canal de Suez. Verdi no viajó a El Cairo: los viajes por mar estaban muy lejos del ánimo del «campesino». Por medio de un telegrama se enteró aquella misma noche del extraordinario triunfo de su obra. Despertó gran júbilo la marcha triunfal, para la cual el director de orquesta Giovanni Bottesini había llevado unidades del ejército egipcio, que también tocaron las «trompetas de Aída»; también se entendió el final sereno e íntimo, lo que dio una gran satisfacción a Verdi.
Se supone en general que el egiptólogo francés Edouard Mariette inventó y escribió la historia que encierra Aída durante sus trabajos arqueológicos sobre la época de los faraones; y que partiendo de ella, Camille du Locle creó un libreto para Verdi. Pero hay un hecho llamativo: en un libreto del celebérrimo Pietro Metastasio (1698-1782), poeta de la corte de Viena y autor del texto de varios centenares de óperas de la época barroca, hay ya una historia parecida, el amor de un general egipcio, que tiene el favor de la hija del faraón, por una esclava extranjera. El libreto se titula Nitetti y ha sido puesto en música varias veces. De todos modos, en la época de Mariette estaba totalmente olvidado. ¿Es posible que ambos, Metastasio y Mariette, se basaran en la misma antigua fuente egipcia?
Giuseppe Verdi, después de las numerosas experiencias desagradables que había sufrido con Don Carlo en París y con óperas anteriores en otros lugares, sobre todo en Italia, se hizo de rogar mucho antes de mostrarse dispuesto a componer una nueva ópera. Y ocurrió sólo cuando tuvo delante la sinopsis de Camille du Locle, el amigo parisiense y director de la Opera Comique, y vio en ella todo lo que podía esperar de un libreto interesante. Entonces confió al eficaz Antonio Ghislanzoni la redacción del libreto, en el que intervino más que nunca en la elaboración dramática y literaria.
Aída es una de las obras maestras de la ópera. La ópera italiana, la ópera romántica, la «gran» ópera encuentran aquí su culminación, pero quien quisiera ver en Aída un drama musical, también tendría razón. No tendría razón en cambio quien afirmara que Verdi había «aprendido» de Wagner. Su desarrollo es totalmente consecuente: está sometido a ciertos presupuestos, de los que tampoco pudo escapar el compositor alemán. La tendencia general de la época se dirige hacia la ópera integral, a la ópera que ya no se divide en números, que además se hace más profunda desde el punto de vista dramático y psicológico, y en la que el texto adquiere una nueva significación, llega a una relación nueva con la música. La técnica del Leitmotiv, llevada a su punto culminante por Wagner, no fue él quien la inventó en principio: Berlioz y Liszt la utilizaron antes que él, y si Verdi crea también en Aída un Leitmotiv y lo hace sonar todas las veces que se habla de la unión íntima de Aída y Radamés, o incluso cuando sólo se piensa en ella, es la consecuencia de su desarrollo natural.
En este drama, Verdi alcanza una diferenciación de la instrumentación que hasta entonces era infrecuente en la ópera italiana. Se encontraba en ese momento, a los sesenta años, en la cumbre de su inspiración y de su capacidad. En Aída no hay un solo instante flojo.
La historia de Aída nos cuenta que en El Cairo, la capital egipcia, se inauguró en 1869 un teatro de ópera italiana, por supuesto que con una ópera de Verdi: Rigoletto. El virrey Ismaíl Bajá, un partidario de la cultura europea, amigo de Francia y admirador de Verdi, pensó en una ópera conmemorativa para la futura apertura del canal de Suez, cuya terminación (por el francés Lesseps) era de gran importancia para la economía de Europa. Sin embargo, Verdi, en quien pensó en primer lugar, durante mucho tiempo no quiso saber nada de semejante proyecto. Sólo la sinopsis del libreto le hizo acercarse más al mismo. Sin embargo, la gran fecha llegó y no hubo ópera conmemorativa. Verdi trabajó en ella, y la terminó en 1870. Los decorados y el vestuario se encargaron a la Ópera de París; cuando fueron terminados, no hubo ninguna posibilidad de sacarlos de la ciudad, que estaba cercada por los prusianos. Parecía que el contrato, que tenía de plazo hasta fines de 1871, no se iba a cumplir; y El Cairo había garantizado el estreno de Aída (por la que Verdi había obtenido los honorarios más altos de la historia de la música: 150.000 francos de oro). Pero en septiembre de 1871 se firmó el tratado de paz y El Cairo pudo dedicarse febrilmente a la preparación del estreno.
Éste tuvo lugar el 24 de diciembre de 1871. Verdi no viajó a El Cairo: los viajes por mar estaban muy lejos del ánimo del «campesino». Por medio de un telegrama se enteró aquella misma noche del extraordinario triunfo de su obra. Despertó gran júbilo la marcha triunfal, para la cual el director de orquesta Giovanni Bottesini había llevado unidades del ejército egipcio, que también tocaron las «trompetas de Aída»; también se entendió el final sereno e íntimo, lo que dio una gran satisfacción a Verdi. Desde Genova, donde pasó el invierno, el maestro pasó de inmediato a Milán, donde tuvo lugar el estreno europeo, el 7 de febrero de 1872, también entre el entusiasmo del público. Los dos papeles femeninos principales fueron interpretados por Teresa Stolz, la cantante favorita de Verdi, en el papel de Aída, y María Waldmann en Amneris.
La obra se difundió con increíble rapidez por todo el globo y desde entonces forma parte del repertorio fijo de los teatros.


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3 comentarios:

  1. Anónimo01:39

    esta bien pero yo la keria escuchar sin vocees :(

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  2. Anónimo05:51

    Con voces es aun mas magnifica

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  3. Anónimo20:56

    Me parece buen trabajo el que hace con sus blog. ¡felicidades!

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