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SINFONIA 92 "OXFORD" (HAYDN)


A fines del siglo XVIII en Viena se dio un episodio único en la historia de la música: se concentró un enorme despliegue de genialidad artística en un mismo lugar y época. Los tres nombres de la escuela vienesa distinguen estas décadas como un período con nombre propio. Los tres fueron conocidos, coincidiendo en un tiempo apropiado para recibir a genios creadores como ellos. A pesar de haber cultivado a su manera todos los géneros, desde la música de cámara a la ópera y la sinfonía, cada uno quedó en la historia como paradigma de un aspecto: las sonatas y música de cámara de Haydn, las óperas de Mozart, las sinfonías de Beethoven. Demostraron la pluralidad de personalidades trás de un mismo estilo, desde la paciencia y modestia del sorprendente Haydn, al virtuosismo precoz y la ingenuidad infantil de Mozart, para llegar al atormentado romanticismo incipiente de Beethoven. Tres genios que, como Bach y Haendel representaron el barroco tardío, son el ícono del clasicismo.
Franz Joseph Haydn nació en 1732 en Viena y su formación estuvo a cargo de Porpora. Pronto se vinculó con Gluck y Monn. Trabajó para muchos nobles europeos, como el conde Morzin de Bohemia, el príncipe Esterházy y su sucesor, el príncipe Nicolás. Es considerado uno de los precursores de formas como la sinfonía, la sonata y el cuarteto de cuerdas. Su estilo sirvió de transición entre el estilo sentimental del Sturtn und Drang con el recambio clasista, conociendo a las otras dos mayores figuras de este movimiento en circunstancias diferentes. A pesar de su juventud (24 años de edad) y la distancia generacional con Mozart, fueron amigos, no así con Beethoven. Su catálogo abarca 108 sinfonías, 68 cuartetos de cuerda, 47 sonatas para piano, 26 óperas y 4 oratorios, 14 misas, 2 Te Deum y un Stabat Mater.
La Sinfonía Nº 92 (Oxford) forma parte de un encargo para la composición de dos series de seis sinfonías cada una. Estas obras incluyen trompetas y timbales y en la segunda serie, incorporan los clarinetes como parte independiente, independizando también a los violoncellos de la línea melódica de los contrabajos. Tiene una introducción lenta y majestuosa antes del movimiento rápido. El movimiento lento tiene como protagonistas primero a los violoncellos y el oboe, y luego a las cuerdas. El minué del tercer movimiento alberga un trío de carácter popular. El final es un rondó de humor campesino.


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